Los compromisos (o la falta de ellos) del G-8 con las mujeres

Revista Trabajadora
Secretaría Confederal de la Mujer de Comisiones Obreras


La pasada semana se celebró una cumbre de los países del G-8 en Italia, concretamente en la ciudad de L’Aquila que fue devastada por el terremoto de meses pasados.
En esta reunión de alto nivel internacional, y después del silencio en la cumbre del año pasado sobre el tema del hambre en el mundo, este año parece que las personas que dirigen los países más ricos, han decidido mirar hacía la miseria y el hambre de quienes menos tienen en el mundo y, pese a la crisis económica y financiera mundial, han acordado aumentar la ayuda para la cooperación internacional de los 15.000 millones de dólares previstos inicialmente a 20.000 millones. El compromiso se bautizó como Iniciativa de L'Aquila para la Seguridad Alimentaria.
Dicha iniciativa recoge el objetivo de incentivar la inversión internacional en la agricultura para evitar que los países pobres tengan que malvender sus terrenos cultivables. Y acuerda destinar una parte del fondo a facilitar el acceso a agua potable y de riego.
Y aquí comienzan mis dudas sobre los criterios que regirán la distribución de estos fondos y a qué población irán dirigidos, puesto que cómo sabemos dentro de los colectivos más vulnerables en los países más pobres del mundo están la infancia en su conjunto, pero sobre todo las niñas, y las mujeres.
Si tal y cómo han anunciado, se va a destinar mayoritariamente este dinero a al agricultura, espero que también se hayan diseñado o se diseñen estrategias que contemplen el impacto de estas medidas en las niñas y en las mujeres de manera que tengan derechos de acceso a los recursos en igualdad de condiciones que los hombres. Pero también que tengan las mismas oportunidades que los varones a la formación que se pueda impartir para poder aprovechar al máximo la ayuda que teóricamente recibirán, puesto que nos podemos encontrar con que, mientras se construyen las infraestructuras para que la poca agua existente en algunas zonas se potabilice y se conduzca a los regadíos, sean las niñas las que tengan que recorrer grandes distancias para poder traer el agua para consumo humano y de regadío.
Este hecho, que no es de mi invención en absoluto, convierte a las niñas en seres analfabetos puesto que su formación se abandona en aras a la necesidad de transportar el agua para la familia o comunidad. Y este es sólo un ejemplo, pero hay más.
Si no se tiene en cuenta a las mujeres en el diseño de políticas de desarrollo de las diferentes comunidades corremos el riesgo de que la inversión se convierta en “pan para hoy y hambre para mañana”. Y el hambre para mañana volverá a cebarse, mayoritariamente en las mujeres y las niñas como consecuencia del sistema androcéntrico en el que nos seguimos moviendo a nivel, también planetario.
Se ha demostrado que la inversión en formación y capacitación de las mujeres en zonas altamente deprimidas económicamente, ha supuesto una mejora para el conjunto de la comunidad en la que se ha invertido, puesto que el alto sentido del cuidado de la vida que tenemos las mujeres, nos lleva a optimizar los recursos que recibimos en aras a multiplicarlos y de esta manera asegurarnos la alimentación de nuestras hijas e hijos.
Con esto quiero decir que hemos de estar vigilantes sobre los criterios para la utilización de los medios que se van a distribuir de forma que este reparto tenga en cuenta las necesidades, no sólo de las mujeres de hoy, sino también de las de mañana. Y estas pasan por la formación de las niñas como prioridad para su propio empoderamiento futuro y el cuidado de su salud en igualdad de condiciones que la de los niños.
Si no se consigue que en las estrategias para el reparto de estos fondos estén presentes las políticas que tengan en cuenta los intereses y prioridades de las mujeres y a las niñas, estaremos condenando, de nuevo, a la miseria y a la muerte a más de la mitad de la población de estas zonas. Y de nuevo serán las mismas: las niñas y las mujeres.

Ontinyent, 12 de julio de 2009.
Teresa Mollá Castells.
tmolla@teremolla.net

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